Sembrar Semillas de Esperanzas



"Las cárceles son un síntoma de una cultura que ha dejado de apostar por la vida" dijo en una de las homilías el Papa Francisco ofreció en su visita a México. Ese fragmento que dirigió hacia los 600 internos de la cárcel Cerezo 3 en Chihuahua, es un mensaje que nos hace meditar en la pérdida de los valores, en la ausencia que como padres dejamos en los hijos, porque en el afán de vida, en esa carrera loca por satisfacer lo material, nos olvidamos de alimentar el alma, de sembrar la semilla que pueda formar por la senda del bien a esos hombres y mujeres del mañana.

A diario somos testigos mudos de cómo se apagan vidas y la mayoría jóvenes, de hogares desintegrados. Pero a la par de esa ausencia de afectos, de inculcar valores, en las escuelas también aflora otra realidad, hay maestros que llegan por cumplir horarios, sin compromiso, sin aquella entrega de los maestros de vocación, no se han dado cuenta que tienen un rol importante en la formación de los niños y jóvenes. 

Yo recuerdo y de eso ya varios años, el papel de los maestros de antaño. No puedo dejar de pensar en mi madre. Ella tenía doble jornada, recibía a sus alumnos desde las 8 de la mañana a las 11. Luego se retiraban y los que iban atrasados se quedaban media hora más en clases de reforzamiento. Después se reiniciaba la jornada vespertina, nuevamente el grupo de chiquillos regresaba a sus clases y desde las 2 de la tarde hasta las 4, cumplían su jornada de estudio. Era mañana y tarde, pero mi madre junto a otros maestros de su época, se quedaban y dedicaban media hora más a los alumnos para garantizar su aprendizaje.

Qué tiempos. Eran maestros estrictos. Mi madre tenía fama de rígida, regañona y estricta, pero cada año muchos padres la buscaban para que sus hijos quedaran en su sección. Hoy son hombres y mujeres de bien. Si algo buscaba ella era que desde el primer grado los alumnos salieran escribiendo en letra de carta y se afanaba por dejar una huella importante en sus vidas. Hoy son otros los sistemas, pero no menos cierto es que hay maestros con vocación aún y esos hay que cuidarlos. 

Pensando en ese compromiso de la docencia y del papel de cada maestro, no puedo dejar de pensar que hace unos días el asombro invadió a los hondureños con la captura de un director de un centro educativo del occidente de Honduras que no solo fue sorprendido con cinco kilos de supuesta cocaína al ser capturado en Chalatenango, sino que en el registro que la Policía de Honduras hizo en la escuela le encontraron dos kilos más de droga, ocultos en una gaveta del archivo.



Pero lo más terrible de esa historia es que era una autoridad educativa y eso nos debe poner en alerta no solo a las autoridades, sino a los padres de familia. Quizás este caso sea la punta del iceberg para que se pueda entender hasta qué punto la penetración del accionar de esas estructuras está dentro de los centros de estudio. y es parte entonces de retomar los roles y estar vigilantes, de no dejar las responsabilidad de educar y formar en manos de otros, sino ser co partícipes de los procesos para que le demos a la sociedad hombres y  mujeres con valores.

Como dijo el Papa Francisco "Sepan sembrar semillas de esperanza y resurrección" y debemos hacerlo. No es tiempo de esperas, es tiempo de tomar las bases de hogares sólidos. Cada uno tiene sus experiencias, yo como madre las tengo y les digo, ser padre o madre no es una tarea fácil. Quizás fácil sea levantar el dedo y señalar, pero cada uno sabe cómo le duelen los golpes, las heridas y cada uno sabe cómo ha tenido que enfrentar su vida.

Me pareció oportuno destacar esos mensajes que el Papa deja al mundo, porque las realidades no escapan para unos u otros, son realidades globales, donde cada vez más, muy a nuestro pesar vemos el cambio en las sociedad donde se perdió el afecto y la frialdad invade. Lo peor de esto es que nosotros nos estamos acostumbrando a ver tan normal lo que no debería ser normal, pero ocurre. Por eso es oportuno que cada uno trate de marcar la diferencia y defina nuevos rumbos que nos lleven a fortalecer las bases de nuestros hogares para que dejemos una huella de integridad, respeto, honradez en nuestros hijos. 

Estamos a tiempo, nos lo merecemos, nuestra sociedad lo necesita y nuestros hijos y nietos, nos lo agradecerán. Cerremos el círculo de violencia. 


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