En memoria de Patricia


Recibí la noticia de la muerte inesperada de Patricia Villamil y no podía creer que su vida se apagara inesperadamente. Apenas hacía tres días que habíamos conversado por las redes sociales. Nos unía el tema de los migrantes, un trabajo que para ella significó empatía, preocupación, dolor y ayuda a los compatriotas que a diario emigran buscando nuevos horizontes en Estados Unidos. En esa última plática nos prometimos un café, prometimos que la próxima visita en la que ambas coincidiéramos en Santa Rosa, nos reuniríamos para tomarnos el café y charlar de sus proyectos, de los migrantes y de nuestra Honduras. Pero ese café quedó pendiente. 

Hoy después de casi una semana que le arrebataron la vida, pensé en escribir estas líneas, quizás muchas de las cosas que transcribo en este escrito se las dije en vida y otras nunca se las externé. Paty como siempre la llamé, la acepté como ella era. Una mujer de carácter, sensible pero ruda. Era de las que no se andaba con cuentos para decirle sus cuatro a quien fuera. Muchas veces en esos abruptos, yo siempre le decía: "Paty no se exponga" y ella siempre respondía: "Y cómo Xioma, esta gente hay que ponerla en su puesto". Ella era tal cual, sin maquillajes. Era franca, llamaba las cosas por su nombre y no se andaba con tapujos, quizás eso en muchos generó anticuerpos, pero a ella eso no le importaba. 

La vida la había hecho así, fuerte en apariencia, pero sensible en su interior. Porque pese a quien le pese, el corazón de Patricia era enorme. Varias veces fui testigo de sus buenas acciones, de su nobleza y eso sí se lo dije en vida. Incluso recuerdo que antes de ser nombrada en el cargo de Consul en Tapachula, cuando le comenté que pasaría por Santa Rosa con la Caravana de Madres Migrantes desaparecidos que iba hacia México ella sin dudarlo me pidió que las madres hicieran una parada en la gasolinera Puma, que allí ella las recibiría.

Y así fue, Paty recibíó al grupo de 15 madres con un desayuno, les prometió que al estar ella frente al consulado en México sería un apoyo y respaldaría sus acciones. Y doy fe que mientras se mantuvo en el cargo, lo hizo. Luchó por sus compatriotas, se metió a líos por ir contra el sistema y denunciar autoridades o grupos que en tierras mexicanas son los que ponen su sello de corrupción y abusos en cargos que deberían de ser para defender a los más vulnerables. Paty no se puso a favor del sistema y como no apoyó las autoridades municipales y estatales, poco duró en el cargo, pronto la mujer que representó ayuda para los migrantes hondureños fue destituída como cónsul.

Si tuvo aciertos o errores, los tuvo, pero yo me quedo con el recuerdo de Paty, como la mujer noble, de lucha, de corazón. En esta vida no hay quien se catalogue de santo, todos cometemos equivocaciones y es una forma como todos vamos aprendiendo de la vida. Yo solo sé que con su muerte, truncaron sus sueños, apagaron sus proyectos, eliminaron a una madre que moría por su única hija y que velaba por cumplir cada sueño de su amada Larissa. Paty deja una lección de vida para todos los que tuvimos la suerte de conocerle y más allá de verla como una mujer de temple, la veíamos como el gran ser humano que era.  



Como en Honduras la investigación es una tarea por hacer, no sé si un día sabremos qué motivó su muerte, quiénes o quién la cometieron, pero no se vale andar en esta tierra apagando vidas. Son muchos los que han muerto y nunca sabremos el porqué, ni quiénes cometieron los crímenes. Un castigo es poco para el daño que dejan en las familias, yo solo sé que de Dios ninguno escapa. Hoy solo me queda escribir estas líneas para honrar la memoria de una mujer que muchas veces fue incomprendida, pero para quienes tuvimos la suerte de tenerla cerca sabemos que ella era muy humana, servicial y alegre. Hasta el cielo Paty mi cariño, el agradecimiento por ese corazón enorme. Sin duda, Paty ahora es el ángel que vela por su hija, por sus padres don Miguel y doña Tere y por todos aquellos a quienes amó con todo su corazón. 

Hasta luego Paty.


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