Alejandro Solalinde: postulado para el Premio Nobel de la Paz


Es un sacerdote católico mexicano, pero que lleva a los migrantes en su corazón. Le conocí en el año 2010, cuando realicé mi primer viaje para recorrer la ruta del migrante. Fue de los primeros que sin tapujos me habló del calvario, de la colusión de autoridades y del maltrato que les daban a los hondureños y a todo migrante que se lanzaba a la aventura. No puedo negar que su entrega en esa lucha, su coraje para enfrentar a sus opositores me cautivó. Es un cura de esos que tiene una línea definida, una línea de entrega a los necesitados y es hoy por hoy el ángel de los migrantes en tierra mexicana.

Hace una semana recibí la noticia que fue aceptada la postulación que realizó la Universidad Autónoma de México, y que fue recibida con buen agrado por el Comité Noruego que año con año selecciona al ganador de tan prestigioso premio. Para mis amigos del albergue Hermanos en el Camino, ubicado en Ixtepec, Oaxaca, fundando por Solalinde, la nominación es una señal de esperanza. Esta postulación coloca en el debate internacional la migración de América Latina, en un momento que estos pueblos viven en incertidumbre con las medidas que implanta el nuevo Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Nominarlo es reconocer toda la actividad que ha llevado a cabo en el tema de protección a los Derechos Humanos, de la dignidad humana de los migrantes que van de Centroamérica a Estados Unidos. Muchas veces lo ví compartir en el comedor del albergue con los hondureños y en más de una ocasión me dijo: "Honduras en cierta forma es una nación fallida, se ocupa alguien que este con esos hondureños y hondureñas que están tan empobrecidos. A ninguno de los Gobiernos de Centroamérica les duelen los migrantes que salen, no piensan lo que pasan sus hijos en el camino. No quiero ofender a nadie. Yo no vivo por ejemplo en Honduras, pero recibo a sus hijos todos los días" dijo Solalinde.

Evaluar a Alejandro Solalinde como persona es comprender como asimila la tragedia de cada migrante, como saca la cara por gente que ni conoce y mencionarlo como posible ganador de este premio, es algo importante y que nos emociona. Mencionarlo es ganancia, aunque no ocupe el premio, porque es una persona buena. Y eso se demuestra en sus 12 años de entrega hacia esos hombres, mujeres y niños que llegan sin esperanzas y que ayuda sin ver color, nacionalidad ni sexo.

Las cuatro ocasiones que he visitado su albergue en Oaxaca, ha sido gratificante entender el porqué se destina a este grupo vulnerable, verlo afanado intermediando ante las autoridades, preocupado por la seguridad de los migrantes, o velando porque no les falte alimento ni un techo donde pasar la noche, refleja su carisma. Con él también he estado esas madrugadas, donde se cambia el sueño por escuchar un lamento de un hermano para servir de consuelo. Así es Alejandro Solalinde, un hombre sencillo, que duerme en una hamaca y donde pese a las amenazas que recibe siempre tiene su rostro en paz y con una sonrisa permanente.

En Ixtepec, Oaxaca, con el Padre Alejandro Solalinde cuando visitamos su albergue en el 2013.

Durante dos meses estuvo en el exilio, salió por amenazas, pero eso no lo intimidó: "Si creyeron que me iban a quitar del camino, se equivocaron. No me iré de Ixtepec, ni del albergue. Venimos a luchar y pese a cualquier amenaza, no me iré, no me voy a rendir" nos dijo con firmeza.

En el albergue de Ixtepec, encontramos a dos hondureños que han hecho de esa casa de acogida, su hogar. Ellos ven en el sacerdote la figura de un padre, de un hombre que les dio la mano en los momentos que más lo necesitaban. El padre Solalinde es un ejemplo en todo el sentido de la palabra, no solo por la bondad, también le apasiona la música y nos confesó que su canción favorita es "A mi manera" y otro detalle: ¡delira por los postres!. 

Alejandro Solalinde además de sacerdote es psicólogo e historiador, en el 2007 fundó el albergue Hermanos en el Camino. La peor tragedia que recuerda fue en el 2008 cuando opositores de sus acciones en pro de los migrantes lo llevaron a la carcel junto a 17 migrantes y no solo eso, intentaron quemar el albergue.

"El 24 de junio quisieron quemar el albergue y quisieron lincharnos. Esa fue una noche negra, querían quemarme a mí. Fue un calvario. Es de las cosas más duras que he vivido, pero no paró allí, las mafias, delincuencia organizada y autoridades corruptas insistieron en que cerrara el albergue. Todos estaban contra mi. El obispo me llamó, querían que él me ordenara que cerrara el albergue,pero no lo consiguieron. El albergue no se cerró. Eso es lo más difícil de mi servicio con los migrantes, los peores días de toda mi vida, física, espiritual y moralmente los viví en ese año"

Cuando el sacerdote recibe la noticia de su nominación hace una semana, solo expresó: "Que el Nobel se fije en mí, es un trancazo para el Gobierno, su cinismo me radicalizó"

Buena por la nominación del Padre y ojalá encontremos en esta ruta del migrante y nuestros país Honduras, más Alejandros Solalindes que suden la camiseta de los migrantes, que diario se abandonan sus países.


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