Se van solos






Son 22 horas de camino las que recorren los menores hondureños cuando son deportados hacia Honduras. Hasta la fecha se contabilizan siete mil niños y niñas que han sido repatriados desde Estados Unidos y México, según el primer informe estadístico de personas repatriadas que fue dado a conocer por el Centro Nacional de Información del Sector Social de Honduras (Ceniss).

Los niños emigraron, algunos bajo la vigilancia de un coyote y otros iban solos. Son pequeños en edades que comprenden de los 5 a los 16 años, unos buscando reencontrarse con sus padres y otros simplemente huyendo. Huyendo de las maras que los asediaban, huyendo del hambre y de la violencia, no solo la que se viven en los barrios y colonias, sino la que muchos enfrentan en sus casas, la que se vuelve insoportable y los hace huir. 

"Mi mamá se casó con otro hombre que no era mi papá y ese hombre me maltrataba. Le decía a mi mamá y las cosas seguían igual, por eso decidí irme, pero me cacharon (agarraron) en Chiapas" dijo uno de los menores deportados que llegó a la frontera de Corinto, punto fronterizo entre Guatemala y Honduras por la costa Atlántica, hace un mes.

La historia de este menor de 14 años es apenas una de las tantas que a diario escuchan los voluntarios de la Cruz Roja Hondureña y los agentes de Migración en Corinto, donde se reciben unos ocho buses cargados de indocumentados que son enviados desde México.

El Ceniss, determina que el 39% de la niñez migrante sigue saliendo, sigue enfrentando los peligros por la ruta en el afán de llegar a Estados Unidos y lo siguen haciendo solos. De nada han servido las políticas para frenar el desplazamiento de los niños. Desde el mes de enero hasta septiembre, la cifra alcanzaba los 5,697 niños, pero se calcula que hasta octubre esa cifra puede llegar hasta los siete mil solo por la vía terrestre.


Si en algo coinciden las deportaciones de menores y la de los adultos es que el flujo del 2015, en su mayoría proviene de México. Es en este punto donde la vigilancia se ha redoblado, de tal manera que pasar por ese territorio se vuelve un hueso duro de roer. El Plan Frontera Sur blindó los espacios, hace la vida más difícil a los indocumentados y si antes la colusión de autoridades era evidente, hoy los propios deportados aseguran que son los que más abusos cometen en contra de ellos.

Y un dato que devela el informe es que los menores insisten e insisten en irse. Del ese total de casi siete mil niños saliendo, un 10,10% ha sido repatriado en más de una ocasión. Ese mensaje es claro, porque evidencia que pese a que cualquiera de los Gobiernos que los atrape en el camino para llegar al Norte, eso no los desmotiva, porque apenas tocan suelo hondureño y se vuelven a regresar.

"Tres veces me he ido y me han regresado. Me voy sin un peso, pero siempre hay gente que ayuda. Se que hay peligros, pero debo hacerlo porque hay que ayudar a la familia. Busco a mi papá que dicen que está en Los Ángeles y lo voy a buscar" dijo un menor de 10 años de Choloma, Cortés.

Cada niño tiene un motivo para dejar Honduras, justificadas o no las razones para salir, pero se van. Con esa realidad flotando y viendo que aún la Dirección Nacional de la Niñez y la Familia (DINAF), no ha arrancado fuerte para brindar esas condiciones de protección en la niñez para evitar la salida de menores. ¿Cómo parar a esos niños? Difícil responderlo, son pequeños que al no tener oportunidades, techo, comida, seguridad y apoyo creen que al irse su vida cambiará.

¿Y los padres? Donde quedan esas figuras que son la base para garantizarle a esos niños la protección y seguridad. Muchos de ellos están fuera de Honduras y por eso muchos de esos menores saliendo son los que quedaron bajo la tutela de sus abuelos, tíos o un pariente cercano.

El asunto es ya no repetir cifras, no hablar de lo que pudo haber sido y no fue, sino de tomar conciencia, de interpretar el mensaje que nos dan los menores que no quieren seguir en el país. Lo de Honduras solo es un ejemplo de lo que pasa en varios países de la región que viven en condiciones similares. Por experiencia en esa ruta, sé que esos niños se juegan la vida. En el 2012, fui testigo de un caso de dos menores hondureños que en Zacapa, Guatemala, fueron rescatados por la Fiscalía. Los niños habían caído en manos de una mujer en un punto de la ruta y los tenía encerrados. Según las autoridades los niños eran negociados para una "supuesta adopción" con extranjeros.

A esos y muchos otros peligros se enfrentan los menores. Hay tanta maldad, tanta desprotección y a muchos solo les queda ser parte de los desplazados para no caer en las garras del crimen que los recluta para sus operaciones en el país. 

Son interesantes los resultados de este informe. Es la primera vez que Honduras cuenta con una base de datos en el tema y de manera integrada. Queda claro que el alza de niños saliendo del país es evidente, aunque el Estado estime que se proyecta una disminución comparada con la avalancha que se registró en el 2014.




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