Ataque al transporte

La terminal en el sector López Arellano donde se perpetró el ataque.

Un ataque perpetrado por desconocidos dejó el saldo de ocho personas muertas. Todos ellos empleados del transporte interurbano. Eran hombres que laboraban de ayudantes, motoristas y despachadores de buses. Gente trabajadora que todos los días se levantaba a las 4 am, para iniciar la jornada y recorrer la ruta desde el sector López Arellano, ubicado en el municipio de Choloma, en el departamento de Cortés hacia varios sectores de la costa norte de Honduras.

A todos los unía el deseo de ganarse la vida de forma honrada y pese a los riesgos que significa trabajar en uno de los rubros más peligrosos del país, estos hombres confiaban en la protección divina y se arriesgaban, como muchos hondureños que hemos aprendido a convivir con el miedo.

Digo esto porque el hecho de hoy nos tiene pasmados. Si, lo digo así porque de nuevo constatamos cuán vulnerables somos. Confirmamos que no hay espacio seguro y lamentamos que no exista una autoridad que defina estrategias que nos lleven a creer que neutralizar las acciones delictivas de los grupos criminales es posible. 

Los hombres sin piedad atacaron, Primero bajaron tres, luego otros cinco y portando uniformes de la Dirección de la Policía de Investigación DPI, ejecutaron a los trabajadores del transporte. La frialdad fue notoria y pese a que a escasos metros del lugar hace poco se inauguró una posta policial, nadie reaccionó. Los asesinos salieron muy campantes de la terminal de buses y se marcharon. El grupo criminal se impuso sobre la ley y nos dejó a todos con el sabor de la angustia y la preocupación porque nos preguntamos hasta dónde llegará el avance del operar de estos delincuentes que hoy nos hacen ver tan indefensos y sentirnos a merced de los malos.

Recomponer un país agobiado de violencia, corrupción, desempleo y pobreza, no es fácil, pero tampoco imposible. El primer ingrediente esencial es la voluntad, seguido de acciones contundentes que se definan con estrategias reales que curen de raíz el mal que cargamos desde hace varios años los hondureños, al no sentirnos seguros. Dios sabe cómo cada mañana todos nos encomendamos a él y le pedimos nos proteja para llegar a nuestros trabajos y regresar a casa sanos y salvos. 

Lo digo sin ser alarmista. Muchas veces nos han dicho que tenemos la tendencia de magnificar los hechos y dar la idea de que el país es violento. Perdónenme, si peco de alarmista. Pero solo transcribo el sentir y pensar de muchos que convivimos con las escenas de dolor, con el sufrimiento de tantas familias que son las víctimas de estos grupos que no han podido ser frenados de sus acciones y cada día enlutan a más y más familias.

Las familia sumidas en el dolor

No sé cuál puede ser la fórmula mágica. Sé que hay hombres y mujeres comprometidos con la misión de dar seguridad, pero hay que replantearse los escenarios porque se ve que la avanzada de estas bandas les está jugando el mandado a los buenos. Ya nada devolverá las vidas de esos ocho hombres que hoy fallecieron, nada hará que el dolor que hoy viven esas madres, esposas, hijas, hermanas pueda calmarse. 

Si estas acciones son producto del impuesto de guerra, de las extorsiones que agobian a empresarios de todos los rubros hay que frenarlo. Evitar que otro derramamiento de sangre acabe con las vidas de seres inocentes. De nada sirve que con bombos y platillos se anuncie la captura de los responsables, porque no podremos devolver la vida a los que mueren, esas acciones son irreversibles.

Es hora que los responsables de garantizarnos la seguridad en el país hagan lo que hasta ahora no han hecho, frenar la violencia. Porque de verdad cada día que pasa vemos que la situación se vuelve insostenible y de allí entonces deben entender porqué la gente está huyendo, porque las alertas de países se giran para advertir a sus ciudadanos porqué no es bueno venir a Honduras.

Con estos escenarios creo que muchos pensamos que lo mejor es irnos de Honduras, pero luego nos damos cuenta que debemos hacer algo para devolver el país en paz, el país encantador que tenemos y que no merece estar sometido a los malos. La hora llegó, aquí es ahora o ahora. Así que ya no hay excusas, todos queremos sentir que estamos en un país seguro.


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