Los desplazados en Honduras

Una calle del sector Rivera Hernández

El crimen organizado y la violencia generan en Honduras unos 174 mil desplazados, reveló el Informe de Caracterización del Desplazamiento Interno en el país, que fue presentado por la Secretaría de Derechos Humanos, Justicia, Gobernación y Descentralización.

Los datos se obtuvieron de una investigación que fue realizada en 20 municipios de 11 departamentos, donde existen 41 mil hogares con población que fue desplazada internamente por la inseguridad entre los años 2004 y 2014. Esas cifras nos muestran la realidad que acontece en el país, donde el 59.9% de esos 174 mil hondureños huyendo, apenas posee un nivel básico o inferior en su educación.

Ese reconocimiento por parte del Gobierno del número de hondureños que por la violencia escapan de los grupos criminales, debería no quedar solo en una estadística, sino acompañado de acciones que den respuestas a las familias que de la noche a la mañana se ven despojados de sus casas y bienes que con mucho esfuerzo lograron obtener a lo largo de los años. 

Las bandas han cercado a poblaciones enteras, cuya cifra de afectados supera a poblaciones  de los departamentos de Ocotepeque y Gracias a Dios. Esas poblaciones se ven impotentes y el único camino que tienen es acatar las órdenes de los criminales, quienes imponen horarios, prácticas para convivencia e incluso los obligan a abandonar sus casas y aquellos que no acceden son asesinados.



Varios casos se han reportado. Ante el miedo, familias enteras han huido a otras ciudades, pero la mayoría optó por buscar en otro país oportunidades para un trabajo, una nueva vida y sobre todo un lugar seguro. Prueba de ello es el caso que recientemente se dio en el sector Rivera Hernández en San Pedro Sula, donde una mujer, junto con su hija y nieta se vieron obligadas a salir de su casa. Los pandilleros las amenazaron, las mujeres aseguran que se enojaron porque le cambiaron el llavín a la casa que da acceso a varios apartamentos que alquilaban para sobrevivir y que era visitado por los delincuentes. 

Los pandilleros les dijeron que ellos mandan y que tenían que hacer lo que ellos decían, sino sus vidas estaban en juego. Ante la clara advertencia las mujeres optaron por salir, dejarlo todo y salvar sus vidas. El único camino que tomaron fue refugiarse en una posta policial clamando ayuda. Como ellas, hay otras familias que solo salen, en silencio viven el miedo y la impotencia. 

El asunto es que tras esta noticia queda claro que hay un problema mayúsculo que debe ser objeto de atención. "Este problema toma carácter de crisis humanitaria de dimensiones internacionales" dijo el coordinador del Centro de Investigación y Promoción de los Derechos Humanos (Ciprodeh), Wilfredo Méndez.

Y no deja de tener razón porque ese aumento de hondureños saliendo, solo demuestra que las acciones para neutralizar el operar de los grupos no ha sido tan efectivo y la avanzada del control de territorios y libertinaje de acciones de los grupos delictivos está latente.

Este informe es una alerta, este informe es para redefinir estrategias, para plantearse qué hacer para que las familias que desesperadas buscan protección tengan un auxilio y encuentren respuestas en los gobiernos, en los organismos protectores de derechos humanos, en las organizaciones civiles, en cada hondureño que se empatice con el dolor y miedo de los que ante el peligro, huyen.

Es bueno que sea el Gobierno quien pone en el tapete de la opinión pública las cifras, la realidad de un escenario que muchas veces se omite. Pero también es bueno que nos cuenten qué acciones se generarán para que cada familia sienta que la mano del Gobierno, de las autoridades que eligieron, no los dejan. Lo importante es que ante situaciones difíciles como el desplazamiento forzado, las autoridades estén al pie de la bandera, dándoles una mano para que no tengan que salir desesperados y se sientan protegidos. Los hondureños lo único que piden es protección a su seguridad en un país donde hay temor sin tener una guerra.









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